viernes, 10 de octubre de 2014

2014 - Un año para la lectura

por Arnold Coss

Este año 2014, he estado un poco distraído en cuanto a la escritura y se nota en el Blog. Por supuesto que deben ser muy pocos los que le interese que esto suceda o no, pero ese no es el punto.
La distracción a la cual menciono, tiene mucho que ver, con haberme encontrado con una serie de libros que fueron llegando a mis manos, y fui encontrando en ellos tan buenos momentos, como el que me proporcionaba escribir cada tanto por acá.



1 - Allá por enero y en plenas vacaciones, me atreví a leer “El Hobbit” de John Ronald Reuel Tolkien. Por supuesto que a mi edad y siendo una persona a la cual este tipo de literatura, no está dentro de sus prioridades, tengo que reconocer que lo leí creo que en 3 días y me resulto muy entretenido. Adicional a esto y luego de varios meses, pude ver dos de las tres películas que se hicieron en base a este libro, las cuales me parecieron excelentes, aunque distorsionando en varios pasajes les escritos originales del autor.


2- “Yo no vengo a Decir un Discurso” era quizás uno de los pocos, o quizás último libro que me restaba leer de Gabriel García Márquez. Por supuesto que este libro tiene poco que ver con la narrativa literaria habitual de Gabo, ya que son discursos pronunciados a lo largo de los años y que hablan sobre su vida, sus sueños y sensaciones.


3- “Las Armas Secretas” de Julio Cortazar, no puedo agregar mucho más a todo lo dicho y escrito sobre estos cuentos. Indispensable su lectura.


4- “Los 11 Poderes del Líder”, de Jorge Valdano. Este señor, ha encontrado una muy productiva forma, de retener unas cuantas muy buenas frases de otros autores, que ubicadas dentro de un contexto ideal para su aplicación y sumadas a algunas cuantas anécdotas que por supuesto tiene de tantos años de trayectoria, resultado: librito a la calle. Leerlo es entender que desgraciadamente cualquiera con unos pesos y algo de imaginación puede escribir un libro.



5- “Duelo en Chinatown” de William C. Gordon. Es libro cae en mis manos, recomendado por el periodista que conduce Cámara del Crimen en TN. Agradezco, el momento que seguí el impulso de leerlo. Una excelente narrativa, donde las intrigas van cobrando vida en cada página. Es un Best seller, que rinde honor a las historias de crímenes e investigación.


6- “Después” de Horacio O´Donnell, supongo que deberé repasarlo en algún otro momento, me atrapo en unas pocas hojas, aunque se fue diluyendo a medida que avanzaba. Muchos tramos de la historia me quedaron poco claros y en el afán  de terminarlo y devolverlo a la biblioteca termino jugando en contra. No puedo recomendarlo si quizás sugerirlo como un libro distinto en el rubro de las intrigas.


7- “Papeles en el viento” de Eduardo Sacheri. Es el libro ideal para leer casi sin respiros. Solo unos cuantos días alcanzan para una lectura fluida y atrapante. Para los que nos gusta el fútbol, diría que es lectura obligatoria. Al leer este libro me sentí renovado y en algunos pasajes me sentí parte de esa particular y tierna historia. 


8- “La Vida que Pensamos”, de Eduardo Sacheri. Me pregunto si no hubiese sido mejor dejar pasar un tiempo para retomar la lectura de Sacheri. Creo que en un momento me sentí saturado, aunque, (siempre hay un aunque no?), los cuentos son fantásticos y algunos memorables desde donde se mire, pero fue demasiado fútbol, en realidad lo que fue demasiado es las palabras y frases que se mueven alrededor del fútbol. A veces cansa. Si tuviese que regalarlo a un amigo en su día (sea cual fuese), lo haría sin ningún temor, seguro quedaría bien.


9- “La Niña y su Doble” de Alejandro Parisi. Una narrativa muy fina y prolija, sobre un tema tan trillado que en momentos se duda si encarar o no la lectura de estas historias. La verdad que disfruté los detalles y cronología con la que el autor tan bien captó una de las miles de historias  que nos dejó la 2da. Guerra mundial. Como los mundos e ilusiones se derrumbaban y resurgían en una marea de violencia, desolación y porque no de amor y esperanzas. Saber que la protagonista aún vive y está en nuestras tierras, le da un aditivo especial.  Tuve la suerte de contactarme con Alejandro y comentarle mi impresión sobre su obra y tuvo la deferencia de compartir – “La barbarie del siglo XX fue escrita de mil formas, pero creo que las pequeñas historias particulares, como esta, son las que se encargan de formar la paleta de particulares que pintan la desgracia general. La de Nusia es impresionante. Además, su memoria, la forma de narrar, sus silencios, todo fue imprescindible para que el libro quedara tal cual quedó. Fue un placer escribirlo. Después de haber publicado "El ghetto de las ocho puertas" unos años antes, tenía miedo de repetirme, pero la historia era bien distinta y me concentré solo en ella.”


10- “Blanco Nocturno” de Ricardo Piglia, este libro me gustó mucho, la temática es entretenida y la mención de lugares que conozco le da un toque adicional. Quizás alguno de los que nacimos y  nos criamos en alguna ciudad del interior, hemos escuchado historias con características semejantes, no por los acontecimientos en sí, sino por los detalles que hacen al argumento.


11- “En la Orilla” de Rafael Chierbes. Con este libro me parece que retrocedí en el impulso. La temática y la historia no lograron atraparme. Sostengo sin dudas que le sobraron muchas hojas de detalles he historias aledañas que no le daban ningún sentido a la lectura. Si puedo decir que Don Rafael, tiene una gran pluma para contar durante cientos de líneas, cosas que en definitiva, pareciera que no importaban que estuviesen o no, plasmadas  en el libro. “En la Orilla”, puede resultar fascinante, al que le gustan las novelas intrincadas con una lectura que se transforma en aledaña de la fundamental, que va y viene como salpicando historias paralelas.


12- “Espartaco - El Gladiador” de Ben Kane. Tenía ganas de leer algo distinto, siempre me gusto la historia de la Roma antigua, si bien la barbarie y la violencia eran el común denominador, también el intrincado mundo político y sus intrigas, formaron parte de lo que hoy somos. Entender aquellos días, es entender bastante cómo llegamos a nuestra actual realidad. Ben Kane, describe a la perfección todo lo referente al mundo Romano de esos tiempos y como construyeron, sostuvieron y elevaron lo que quizás hasta hoy siga siendo la nación más grande y fuerte en la historia de la humanidad, lo que por supuesto no es poco. Espartaco existió y hay registro de ello, lástima no haya tanto materias histórico, como para saber que sucedió al final de todo, pero este libro nos da una buena señal.


13- “La Pena Máxima” de Santiago Roncagliolo, escritor peruano que basa su historia en contacto con la historia más negra y violenta de la Argentina. Comienza bastante entretenida, tiene sus baches, pero son salvables, su lectura me demando solo una semana, deja huella, es interesante y entretenido, se deja llevar.


14- “El Nadador” de Joakim Zander. Es una excelente historia, con una línea de acción definida y con un alto grado de intriga permanente. Una novela con todos los matices necesarios, para hacerla altamente atractiva. Zandes, refleja con mucha claridad, una parte del espionaje internacional y que algunas cosas que parece ser en realidad son otras totalmente opuestas. Un libro para regalar sin ningún temor. Muy recomendable.


15- “El Psicoanalista” de John Katzenblach. Una obra maestra sin dudas. Una historia fantástica y atrapante que no te suelta en ningún momento. Lo que parece no es, lo que sugiere ser, es otra cosa, es magnífica, esta obra hace que te de ganas de seguir leyendo una vez más. Seguramente y sin lugar a dudas, este será uno de los libros 2 libros más importante que haya leído en mi vida.  



16- "La Fragilidad de Los Cuerpos", de Sergio Olguín, es un libro muy interesante, se dejó llevar desde el principio y me atrapó en su red. Me encanto, disfrute cada página y lamente el final, me quede con ganas de más, pero tiene el argumento justo. Realmente impecable, me alegro haberme dejado tentar por el dueño de la librería "Los Confines Libros" en Villa Urquiza, que me lo recomendó sin dudar, una recomendación que agradezco y que traslado a mis ocasionales lectores de este blog. La historia y sus personajes, son sumamente atrapante y hace que el lector quiera tomar partido en la trama. Excelente narrativa.


17- "La Guerra de Hart" Siguiendo el impulso por leer algo más de este genial autor, no dude en comprar este libro que sin dudas recomiendo, por interesante y entretenido. Tiene muy buenas conversaciones, sobre el honor y la amistad. Desde luego que no tiene el vuelo narrativo de "El Psicoanalista", pero se deja llevar sin vueltas. Es un buen tiempo invertido.

Espero que les haya servido de algo esta reseña. Saludos y nos seguimos viendo por acá.

jueves, 18 de septiembre de 2014

17/09

Andarás por ahí, seguro festejando.

martes, 17 de diciembre de 2013

Cada tanto pasando por acá

Persona_escribiendo : Beb? escribiendo en un teclado de ordenador port?til con un fondo blanco aislado Foto de archivo

por Arnold Coss
 
Algunos amigos y/o conocidos y  porque no desconocidos también, de alguna forma u otra me han hecho caer en la cuenta que este pequeño mundo de Arnold Coss,  ha quedado desatendido y olvidado ya por un buen rato.

Y es que cuando uno quiere, puede encontrar excusas para (casi) todo. El trabajo, el tiempo, las obligaciones diarias o más sinceramente, el puro y liso desgano. El miedo a acercarme (de nuevo) a esta hoja en la pantalla y no saber qué esperar, a qué nuevas historias contar, como que no se sabe a que me enfrentaré al final de esas historias. Esa extraña sensación  de ser otro mientras las palabras, ideas y sensaciones van fluyendo, adquiriendo forma de la nada, o de algo que alguna vez paso y vagamente recuerdo. Muchas veces he experimentado la locura de escribir sin parar cosas que se habían perdido casi sin remedio en esos rincones del cerebro, a los que vamos solamente a mendigar un poco de existencia del pasado.

El tiempo, particularmente se ha vuelto demasiado veloz para mi gusto particular y en esta época de fiestas, pareciera que transcurre más de prisa aún. La moda de los blog casi ha desaparecido y pocos andan por acá, es como si la necesidad de contar se borró de un plumazo. Por ahí, sepultado por las inmediatez de las demás redes sociales, el discurso creado y pensado, (más o menos), ha dejado de tener algún interés. No existe demanda, por lo tanto la oferta ya no tiene importancia. 

Cada tanto recorro alguno que otro y veo que en su gran mayoría no tiene actualización en este año (y ya paso TODO un año). Me da lástima pasar por “La palabra Desnuda” y ver la misma foto y artículo que desde hace tanto tiempo ha quedado como petrificado y pienso esto también, YA ES PARTE DEL PASADO, pero lamento más que mi amigo Claudio, haya dejado de hacer algo que le llenaba su alma de comunicador.
Decía el viejo Borges que es de caballeros siempre luchar por causas perdidas. Yo no soy caballero ni mucho menos,  (no tengo talento ni ganas de serlo), pero a Borges hay que creerle no?, por eso he decido y por el lado contrario del resto y quien no te dice que junto con algunos otros trasnochados, echemos a rodar un rato más este lugar. Pero (siempre hay un pero), quizás y casi seguro así será, esta cruzada personal, seguro ya de entrada estará condenada al fracaso. Será inútil? Quizás no.

Entonces, por puro gusto (joder), vuelvo por estos lares. Ahora tengo ganas de escribir porque se me cantan las ganas, un poco  para mí y para las tres o cuatro personas que alguna vez me lo pidieron. Gracias por estar del otro lado CADA TANTO PASANDO POR ACA, Repasando vida.


Ahí vamos nuevamente….

viernes, 6 de diciembre de 2013

JUNTAS, PERO NO A LA PAR.


por Arnold Coss

Desde pequeñas, Carmen y Valentina, habían notado sensibles diferencias personales a pesar de haber nacido mellizas. Desde el vamos, su mamá Raquel, opto por el nombre de Carmen, que al entrado los ochenta sonaba a nombre de décadas pasadas, sin embargo Valentina era un nombre que de por sí sonaba a futuro como si quisieras salir rápido al mundo para explorarlo y sentirlo.
Nadie se propuso que ellas fuesen distintas, pero la vida las fue exponiendo naturalmente y las diferencias afloraban en casi  todos los aspectos, salvo en su nivel intelectual ambas profesionales de altas calificaciones y en el amor por su familia.
Carmen desde temprana edad, se acostumbró a permanecer firme en sus convicciones y su concentración en los detalles de la vida cotidiana, la mostraron inmediatamente en el rol de responsable y segura, imagen que nunca estuvo en discusión y que la acompaña hasta estos días. Su postura pensante y evolutiva, hace que cuando termina una relación personal, ella analice las variables desde el otro, -qué hizo mal para no retenerme? Puede aquí estar una de sus conclusiones, y en busca de los eternos balances de los momentos transcendentales de su vida, tiende a enumerar una lista de cosas en las que piensa que el otro se equivocó y en actitud digna, medida y madura, le pide que enumere todas las cosas que ella podría haber mejorado. En esta parte de su vida, siempre me ha intrigado si los afectos le llegan verdaderamente al corazón o solamente hasta la periferia, es como que siempre estuviese preparada para la ruptura, por lo tanto, estar preparada para no sufrir. Su frase de cabecera siempre será: “No nos hagamos más daño”

En la relación cotidiana con su pareja, Carmen aprendió que hay terrenos complicados con los que evita ciertos temas explosivos. No nombrar a algunos miembros de la familia, y ser particularmente tolerante con los hábitos y rutinas que el otro no puede abandonar. No tiene sentido seguir peleando sobre lo mismo después de tanto tiempo, mientras tanto, el vínculo se va resquebrajando. Su conclusión meditada será: “Yo lo conocí así, ahora no le puedo pedir que cambie”.

Hace unos años, la vi luego de un mes de vacaciones. Antes de deshacer las valijas, ya había evaluado el daño, tenía todo planeado, un plan riguroso de alimentación para perder esos kilos demás lo antes posible. Por supuesto que tenía contratado un gimnasio y la consulta con un especialista para que la contenga. Encasillada en su objetivo, concluía en una frase importante para llevar adelante sus planes: “Sólo por hoy”.

Carmen no sería ella si no fuese a Pilates, si no hiciera gimnasia con música y cada tanto practique yoga o salga a caminar como una autómata, con un solo plan, querer sentirse bien. No sabe cuántas calorías quema, ni que ejercicios hacen mejor para mantener firme su cola, eso no le importa, necesita saber que “algo hace”, su eterna filosofía rezará: “Mente sana, cuerpo sano”.

Me daba  risa su desvelo por el pelo, siempre prolija y arreglada, no puede permitirse el lujo de estar despeinada, por eso conserva su peluquero de toda la vida, al que visita cada mes para que le haga lo mismo de siempre: cortarle las puntas, baño de crema y retoque por doquier. No es ajena a las posibilidades de imaginar un cambio: un desmechado, otro color, cortarse bien corto, sueña y moriría por algo salvaje. Pero como no podría ser de otra manera, tiembla al pensar que le quedaría ridículo y en todo lo mal que lo va a pasar esperando que crezca de nuevo. Su gran miedo: “arrepentirse de lo que hizo”.

Carmen y mi amigo Fernando, salieron un tiempo y él me confirmo al detalle cada uno de estas observaciones sobre su personalidad. Me hizo hincapié también, en la dedicación y excelencia al momento de hacer el amor, dando una imagen muy distinta a que se pudiese presuponer. Me contó también que esas artes adquiridas, le habían costado tener que deshacerse de la pesada mochila que le acarreaba compararse con su hermana en otros órdenes, que por lógica la perseguían en su intimidad. Era evidente que había dominado todos movimientos, situación que solo lograría con un gran estudio pormenorizado de sus sentimientos. Su gran logro: “Ser muy buena en la cama y dejar huella”
Valentina, en cambio, es verborragia, vomita toda clase de reproches en un monólogo conspirativo y despechado que no deja lugar a réplica. Alterna los reproches con insultos y/o amenazas, (contra su vida, la de él y de la futuras novias), pedidos de reconciliación, llanto y confesiones deprimentes. Cuando el otro quiere hablar, llora desconsoladamente, porque es un animal y no mide lo que está diciendo. Se enorgullece de poder gritar a los cuatro vientos: “Te voy a hacer mierda”
Promete cambiar después de cada pelea, pero nunca cumple. Le vuelve a decir las mismas cosas que hasta hace un rato le recordaron que es molesta en su insistencia. Sigue preguntando en qué está pensando y le reprocha que nunca la escucha, sugiere que no la quiere ( y afirma que nunca la quiso), en todas las discusiones, aun sabiendo que la insistencia concluirá en un desastre. Si hay algo que no soportará jamás, es que le digan “tranquilízate o relájate” cuando está enfervorizada en la discusión. Tengo la certeza que ella anhela poder parar, pero indefectiblemente su arrebato es más fuerte. Conclusión, quiere pero no puede, aunque no importa “este a mí no me va a ganar”

Aprendió a controlar la angustia después de pesarse aunque el número la espante, rompió muchas balanzas a patadas, hasta que ya relajada al rato se haya comido dos porciones de pizza del día anterior, mientras llora desconsolada: Patea para adelante la gran decisión “Empiezo el lunes que viene”

Valentina, con aires de rápida resolución, llega al gimnasio dos días antes de empezar el verano, angustiada porque se probó una musculosa y ver que tiene los brazos más flácidos que el año pasado. Se la pasa preguntando cuántas calorías quemó en la clase y preguntándole a la profesora cuánto tiempo más le llevará ver cambios. Su filosofía: “Atormentada Sí, pero con mi cuerpo no se metan”.

Me sorprende con la rapidez que cambia de look. Cada mes un toque distinto y casi siempre no es por elección, sino para arreglar el desastre anterior. Se tiñó de negro un domingo que estaba aburrida, después se lo tuvo que decolorar para volver al tono anterior, y para rescatarlo le tuvieron que hacer seis baños de crema seguidos y cortarle seis o siete centímetros. Desde entonces, el pelo se le puso poroso, y para evitarlo, se lo alisó. Iba a esperar unos meses, pero canjeo unos puntos de la tarjeta de crédito y se hizo unas extensiones…. Su gran miedo: “aburrirse por no haber querido cambiar”.
No hizo falta que un amigo me cuente sus cualidades en la intimidad, ella misma se encarga, en ocasiones en forma sutil, en otras directamente, que es una leona amando cuando le corresponden su intensidad. Confieso que no es fácil escuchar algunos detalles, pero sus comentarios salen como cataratas, no hay lugar a repreguntar, en realidad no hay lugar ni si quiera a preguntar, ella tiene el control, contará lo que quiera y domina ese terreno mejor que ninguna. Su frase preferida es un poco intimidante, pero le encanta ver en el rostro del otro la expresión cuando le dice: “Esto es lo que soy, acá está todo”
Mis dos amigas, que por supuesto existen y cada tanto visito, son un gran alivio a mi vida de observador. Con ellas he aprendido a mirar lo que me gusta y lo que no de una mujer. Andan por ahí sin alejarse demasiado, no les gusta estar separadas mucho tiempo, no es posible captar la conexión entre ellas, pero saben a la perfección como cruzar sus límites y salir ilesas de la contienda.
A Carmen la puedo sentar horas y escuchar sus comentarios como verdades absolutas y con la firmeza de una mujer aplomada y medida. Podría sospechar que quizás conmigo, haya tenido alguna intención que fuese más allá de la amistad, pero nunca lo voy a saber concretamente. Por mi parte no se permitiría un descuido y por parte de ella, sé que no encajo en su tan estudiada y repasada vida.
A Valentina, todo lo contrario, hay que andar con pie de plomo, midiendo los comentarios, sé que un descuido, concluiría en serios arrepentimientos sin retorno. No porque no esté seguro que será divertido, pero durará lo que ella quiera y en los términos que ella quiera.
Podría decir que Carmen, te dará la satisfacción de sentirte acompañado sin descuidos ni misterios, con una imagen cuidada y bien tratada. Valentina, te propondrá vértigo y arrebatos, pero también le pondrá esa chispa de vida que a los hombres nos gusta, aunque protestemos para disimular, pero que en la intimidad disfrutamos cómplices y felices.
Lo cierto y real es que sabrán disfrutar las bondades de la vida a su alrededor. Dueñas de una inagotable fuente de seducción, a su manera y con sus estilos no pasaran inadvertidas donde quiera que vayan. Son dos seres que sin tener prácticamente nada en común, no tengo dudas en  llegará el día en el que se entiendan solamente con la mirada y sin mediar palabras.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LOS MAREADOS (tango)

Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal...
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar...
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré...

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más...

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor... pesar... dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!...
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó...

Autor: JUAN CARLOS COBIAN

Nace en Pigüé el destacado músico Juan Carlos Cobián Pianista y compositor, actuó en las orquestas de Genaro Espósito y Eduardo Arolas antes de formar su propia agrupación. Fue autor de importantes temas que han quedado inscriptos dentro de los clásicos del tango, como "El motivo", "A pan y agua", "Los mareados", "La casita de mis viejos", "Shusheta", "Rubí", "El cantor de Buenos Aires", "Nostalgias", "Mi refugio", etc. Falleció en Buenos Aires el 10 de diciembre de 1953.

Muchos comentarios podría hacer sobre este Tango, así con mayúsculas. Podría mencionar muchos sobre la letra en sí. Podríamos hablar mucho sobre las virtudes del autor, para lograr que uno se anime a cantarlo como queriendo parecerse al mismísimo Gardel. También podría mencionar las historias que se sucedieron a partir del canto de estas estrofas. Pero hoy no digo nada, lo disfruto solamente.

jueves, 25 de julio de 2013

Una Demencial Historia de Amor (Parte II)

por Arnold Coss
 
Había transcurrido un tiempo ya demasiado largo, hasta que Patricia decidiera intentar rehacer su vida sentimental. Seguro, no le sería fácil. La separación matrimonial con Mariano no había sido en buenos términos. Aún sonaba en sus oídos:
 - Necesito tiempo, no sé qué me pasa. Creo que tenemos que tomar distancia, solamente  por un tiempo y vemos que sucede.
El tiempo pasó y no hubo respuestas, tampoco preguntó más. Una mujer sabe cuando deja de ocupar su lugar en la vida de un hombre, afirmaba, convencida que esa fase le aliviaba un poco la melancolía de ya no ser importante. Mantenía su frente alta y repetía a quien la escuchara, que la clave es saber darse cuenta a tiempo.
La nostalgia, por momentos invadía su vida;  el llanto se tornaba incontrolable y no era por el hombre perdido, era por la soledad que la abrazaba.
Intentó por un tiempo estar sola, pero hasta las paredes parecían estar en su contra, le devolvían su voz opaca, triste y en ellas, veía su sombra sin compañía,
Una tarde como tantas otras, volvió a la casa de sus padres y se quedo como siempre a tomarse unos mates y conversar con quien estuviese dispuesto a debatir sobre cualquier tema. Las charlas sobre enfermedades, eran las predominantes, el lamento por la situación económica del país también tenían su espacio importante. Ni hablar cuando algún cartel del canal Crónica en la televisión, anunciaba alguna catástrofe.
Ese día y ese  momento quedará en sus retinas, porque lo vio por primera vez y así, sin más, se ruborizó. Es difícil para un hombre darse cuenta de lo que quiere decir una mujer con su mirada. Por lo general suelen disimular muy bien sus pensamientos, por ende, saben muy bien como trasmitirle a sus ojos, lo contrario a lo que realmente desean. Este hombre, de unos 40 años, con algunas canas que asomaban, bajo su pelo castaño, intentaba volver a poner en funcionamiento el lavarropas de su madre, que de repente había dejado de cargar agua.
 – Es la bomba de agua, ya vuelvo con otra nueva, esta no tiene reparación. Dijo en voz baja, y se fue sin más palabras, saludando como de compromiso.
Patricia, con los años, había aprendido a ser paciente y se jactaba de ello, de la misma manera que aconsejaba a sus pocas amigas de cómo ser oportuna.
 – Todo a su tiempo, una tiene que saber decirle a sus nervios, como tienen que actuar. Solía repetir como su latiguillo favorito.  
Pero esa tarde, se sintió incomoda, de repente le importó y mucho su aspecto. Inmediatamente pensó en que esa mañana no había tenido tiempo de bañarse, con lo cual su pelo no tenía el brillo acostumbrado, por supuesto que tampoco se había perfumado, entonces sus nervios la traicionaron, sin querer ni darse cuenta, vació la azucarera en el tacho de basura, pensando en que le sacaba la yerba al mate. Ese fue el primer indicio, era evidente que ese hombre, del cual no sabía absolutamente nada y jamás lo había visto en su vida, la había perturbado.
En los días posteriores, Patricia se dedicó casi con exclusividad a obtener la mayor cantidad de datos posible, por supuesto que con extrema prudencia, para que nadie se diera cuenta de sus intenciones. De alguna manera, ese halo de misterio, hacía que ella se sintiera como atrapada, le gustaba el personaje de espía, esa sensación de saber del otro muchas cosas y pasar desapercibida para él. Tenía ya información acumulada como para armar buena parte del rompecabezas de esa vida que le había sido ajena y que en ese momento le ocupaba buena parte del día.
Supo que se llamaba Hernán, que había nacido en Granadero Baigorria en la provincia de Santa Fe. Le comentaron también, que a los 20 años se fue a vivir a España, en busca de un mejor pasar. Allá vivió un tiempo en Andalucía en un pueblo llamado Dos Hermanas, donde se casó y según esa misma fuente, los dos chicos que lo acompañaban habían nacido en España, y él se volvió solo con ellos, cuando el trabajo empezó a escasear.
Gracias a Griselda, una amiga, dueña del único Laverap que había en Gualeguay, se enteró que no tenía esposa. Aunque Griselda nunca había visto a los chicos, deducía sus edades por el tamaño de la ropa que él le dejaba para lavar. Los chicos debieran ser de unos 10 o 12 años. Le llamaba la atención que nunca llevara la ropa interior ni las toallas.
Susana, la que atendía por la tarde el kiosco “Tatín” en la esquina de la plaza San Martín, le comento que fumaba Particulares, pero cada tanto llevaba Colorados, no sabía si eran para él o para alguien más; y otro dato muy particular, casi nunca hablaba más allá del pedido específico. Le comentó también que una vez escuchó a su hermano Francisco, hablar de este hombre, como el “arreglatuti”, que en una ocasión le pudo reparar en tiempo record, una alambrada de los corrales del fondo, en el campo lindero con el de Juan Antonio Cosso, allá cerca del Paso de Alonso.

Para Patricia, investigar la historia de ese misterios hombre, le devolvió color a sus días, se sorprendió verse más despierta, alerta a los detalles, hasta sus amigas notaron el cambio y por supuesto preguntaron, pero ella, sabía esconder muy bien sus sentimientos ante los demás. Solamente ese hombre, sin casi mirarla y sin hablarle, había derribado el muro que cubrían sus reacciones no deseadas.

Una tarde, caminando por la calle Uruguay, casi llegando a la 25 de Mayo, lo vio venir de frente en sentido contrario y por la misma vereda. Primero se sorprendió y su corazón sintió el impacto, después se ruborizó y el calor invadió su cuerpo para concluir en un ligero mareo. Fueron eternos diez segundos, tan lentos en sus pensamientos y tan veloces en sus sensaciones. Allí, a escasos dos metros, Patricia tropezó de la manera más tonta. Lo inmediato que recuerda, es estar sentada en el umbral de la casa de los Campostrini, atendida por él y por Aída, que había escuchado el ruido del golpe en su puerta.

Si lo hubiese planeado, quizás jamás le hubiese salido mejor. Fue raro que no se sintiera ni torpe ni siquiera vergüenza por lo sucedido, lo importante ahí y en ese momento es que estaba con él.

Aquel incidente le dio lugar a la conversación de rigor. Preguntarse los nombres, ya en forma oficial, que hacían, a que se dedicaban, la edad, etc. Por supuesto que Patricia, preguntaba, se respondía, por ella y a veces hasta por Hernán, que no parecía preocuparse mucho por la charla, pero respetuoso asentía o no, ante cada consulta.  

Pasaron cuarenta y cinco días de aquel incidente. Patricia había entrado en una especie de trance, toda su vida giraba en torno a su nuevo amor y hacia sus hijos. El más chico se llamaba Ian y había nacido en Tarragona en España, fue parto natural, pesó 3,100 kg.. Por aquellos días cursaba 4to. Grado en la escuela Marcos Sastre; sus bellísimos ojos color miel impactaban bajo sus largas pestañas, que lo hacían dueño de una mirada extremadamente dulce y seductora. El más grande se llama Juan Ignacio y nació dos años antes en Málaga, mientras Hernán, trabajó unos meses en una sucursal del banco BBVA, en la calle Alameda de Colón de cara al Mar Mediterráneo.

La madre de los chicos se llamaba Carmen y murió en el parto de Ian; una hemorragia mal contenida disminuyo sus defensas de su ya precaria salud, producto de un embarazo complicado por una severa neumonía al principio de la gestación. No se pudo hacer mucho, los medios clínicos de la sala en la que fue atendida eran muy precarios, la atención no fue la adecuada.

Carmen había sido extremadamente posesiva y esta marca había quedado registrada a fuego en el alma de Hernán, que juró no volver a comprometerse más allá de un poco de amor al paso.

Pero las cosas mis amigos, no salen como uno las imagina, y en esos alocados días, posteriores a la caída, Patricia y Hernán no tuvieron otro mundo. Para ella, toda su vida  se redujo a cuatro paredes y a un solo motivo para vivir. Su nueva condición como pareja del hombre que la conquistó con solo mirarla la desbordó. Tomó inmediata posesión de sus espacios, su aire y su respirar. Dejó de sentir hambre, dejo de pensar dejo de soñar.

Patricia supo la historia completa de María de las Mercedes Carreras (Ver en este blog, “Un secreto conocido”) y lloró de amor, pero también de soledad. ¿Podría ella  saberse herida de igual forma? Su tormento aniquiló por completo cualquier indicio de felicidad.

El terror de saberse abandonada, aunque no tuviese indicios de ello, la atormentaba hasta dejarla sin respiración. El solo hecho de pensar que otra mujer pudiera arrebatarle a “su” hombre la desequilibró sin más. El viaje de ida hacia la locura había comenzado, era un viaje con principio y con un final irremediable, solo había que esperar un poco para conocer el verdadero alcance de tamaño cambio.

Empezó con algunos escalofríos esporádicos. A medida que pasaban las horas este temblor ya era continuo. Para cuando Hernán tomó nota de lo que pasaba ya era tarde, conocía esa mirada y esas actitudes. Desgraciadamente tenía la nefasta experiencia con la madre de sus hijos; ella había pretendido retenerlo por todos los medios, olvidándose del más sencillo y básico, dejarlo ser, sin ataduras sin restricciones para alguien que jamás le había sido infiel.

 ¿Podría ser que Patricia  en algún lugar de su mundo, hubiese sentido lo mismo que Carmen?  Esa duda siempre la tendremos aquellos que la conocimos; mejor dicho, aquellos que creíamos conocerla.

 Para Doña Adela, su hija era la luz, y agradecía tanto a Dios por lo “maravillosa e inteligente que era la nena”. A Saúl su padre,  los años de Patricia, se le vinieron encima, como solía repetir, así en un abrir y cerrar de ojos, pero la nena, era la nena y nada más. Ellos, habían sufrido mucho la separación de Patricia con Mariano, pero estuvieron ahí todo el tiempo juntos acompañándola. Malvina, su hermana menor; bastante menos resuelta, pero igual de carismática, también idolatraba las andanzas de su referente en la vida.
El 25 marzo de 2005, a las 19 hs, luego de una hermosa tarde de otoño, Patricia llamó a su madre por teléfono y hablaron lo justo y necesario, hasta pareció importarle poco, el comentario de su madre, sobre la ida a la Capital de Malvina, que dispuesta a emprender un negocio, se fue a averiguar precios mayoristas de lencería, proyecto que compartieron juntas durante meses. Cuando cortó con Adela, llamó como al pasar a Beatriz, su amiga de la infancia, que conocía todos y cada uno de sus pensamientos, pero tampoco ella logró detectar algún indicio de lo que se avecinaba. Solo hablaron del tiempo y de algunos temas sin relevancia.
A esa misma hora, Hernán regresaba como todos los días, para darse una rápida ducha y salir a buscar a sus hijos que terminaban sus prácticas de básquet en BH. Lamentablemente él no pudo cumplir su objetivo, al ingresar a la casa, ya patricia lo esperaba desnuda, reposada en la cama matrimonial que tanto uso le habían dado en esos últimos 45 días. Allí la encontró y como era de esperar no le gusto lo que vio, no por el muy bien formado cuerpo de ella, sino por la imagen fuera de contexto y mucho más por lo que vio en sus ojos.
-  Patricia, tenemos que hablar, esto así no puede continuar, es lindo tenerte en casa, pero últimamente te estás comportando de una manera muy distinta a como te conocí, me parece que necesitamos un poco de distancia.
El comentario le cayó como un baldazo de agua helada y en ese instante, sacó debajo de las sábanas el arma de fuego, calibre 22 y sin decir una palabra, le descargó cinco tiros, todos dieron en el blanco, todos certeros, todos mortales.

Según me enteré después por el ayudante del inspector de investigaciones criminales, Patricia se quedó inmóvil por varios minutos, hasta que de repente escuchó ruidos en el pasillo de entrada y ahí reaccionó, primero con un llanto ronco y continuo, hasta desencadenar en uno producto del desquicio.

Se cuentan muchas historias de aquel momento, algunas distan mucho de la verdad, pero suenan tan creíbles que acrecientan las dudas de todos los que las hemos escuchado. Prefiero creer la más benévola dentro de tanto horror.

Para cuando Don Mauricio, el vecino de la casa del fondo, alertado primero por los disparos y luego por el llanto llegó a la casa, Patricia saltó de la cama y se arrojó sobre el cuerpo sin vida y bañado en sangre de Hernán. Le pedía perdón a los gritos, como que con ello lograría revivirlo. En el medio de la locura, del llanto, la sangre y el dolor intenso que le oprimía el pecho, casi hasta dejarla sin respirar, levanto la mirada y chocó con la de Don Mauricio que horrorizado presenciaba el más terrorífico cuadro jamás vivido e imaginado en sus 70 años. Para cuando quiso reaccionar Patricia pareció retomar la cordura de sus pensamientos, alzó nuevamente el arma, pero esta vez, para dispararse ella misma en la sien el último tiro que le quedaba. 

Ella también murió camino al hospital. El impacto provocado en el pueblo fue tremendo, cada uno contó a su antojo y con detalles de un triste final que jamás vieron y que jamás imaginaron en la vida real. Como no podía ser de otra manera, lo vivieron en su imaginación. Las miserias de los otros, son maltratadas y avergonzadas hasta el hartazgo,  sin medir consecuencias ni contemplar el dolor de los que quedaron desamparados por el terrible desenlace.

Ahí queda mis amigos, otra historia difícil de contar y que quizás hoy ya a nadie le interese.