jueves, 17 de mayo de 2012


YO TENGO UNA CANCIÓN

por Arnold Coss


Yo tengo una canción. Es una de frases, sencilla, escrita hace muchos años. Lo curioso es que mi primer contacto con ella, fue en el pupitre de mi ya añorado 3º “C”. En el mismo banco pero del turno mañana, se sentaba Canario Rourich, años después devenido en “pájaro”, nunca supe si el cambio se debió a una cuestión estética, o si el apodo original, no coincidía con su gusto particular, o vaya uno a saber porqué. Lo cierto es que este compañero de banco, un día dejo escrita unas estrofas y leerlas me impactaron, a tal punto es así, que exactamente 32 años después, ese día permanece en mi recuerdo.

Las primeras líneas de esa canción miradas con mis años viejos, diría, que le faltan pimienta que se va en el facilismo desde el vamos. Mirada con aquellos nuevos años, recuerdo en pensar – Qué buena letra che!

Aquella canción, la descubrí así, y tanta inspiración quedo grabada en mi mente. Al tiempo, pude escucharla con la música y completo el cuadro que me había expuesto en mi imaginación.

No era fácil por aquellos años escucharla en la radio, y aún hoy es casi una lotería encontrarla sonando por algún lugar.

Esta canción podría ser la abuela de tantas otras, compuestas en base a estas estrofas. Tantos inspirados quisieron continuar en cierta forma la historia que cuenta. Tantos habrán querido lograr el mismo efecto y quedaron en el camino.

Desde estas líneas quiero rendirle un pequeño homenaje, hacerla vibrar un poco, más y quien no les dice, alguien se apiade de ella y desempolve aquel legendario LP, y escuche ese entrañable ruido a púa gastada y los primeros acordes, nuevamente se hagan escuchar.

Va el recuerdo de su letra, esa que estuvo siempre sonando en mi mente, esas estrofas que hice propias por tantos años, esas que me surgían tararear, cuando estaba bien o mal o nervioso o contento, tantas veces la cante para mis adentros, tantas veces, me sorprendió alguna de sus estrofas sin saber porque. La cantamos en los interminables viajes en micro cuando veníamos a Buenos Aires con la mejor Macumba de Una Noche en París. La cante también en el departamento de Caracas donde vivían de Laura y Rafa recién casados. También la interpretamos con Claudio en el depto.. de Paraguay, con Pacho de único y silencioso público. Quizás también la cante en algún fogón por ahí o en las soñadas playas de Camboriú seguramente y porqué no en Rosario, mirando el atardecer desde alguna barranca. Casi seguro que también lo canté en algún Encuentro Cultural de la Juventud, haciendo coros desde el público mientras en el escenario cantaban Cari Pico, Canario, Pity y Beto Ronconi en batería.

Les dejo de regalo “mi canción”, hoy seguramente no tiene el mismo impacto, hoy puede lucir vieja y aburrida, hoy podríamos hablar de una baladita con dudoso gusto armónico y créanme, sé que es un poco así, pero es “mi canción”, la que yo elegí, la que tengo en mi corazón, la que seguirá estando quizás unos 32 años más.

Gracias Canario, por aquella letra escrita en el tercer banco de la primera fila del lado de la puerta del aula nueva al lado del aljibe. Te acordas? Ese con fórmica de color verde suave? Gracias Charly Garcia por esta obra brillante, Gracias Nito Mestre por acompañar tan sutilmente con tu voz sin igual.…..


Cuando Comenzamos a Nacer


Cuando comenzamos a nacer, la mente empieza a comprender
que vos sos vos y tenes vida.
Que poca cosa es la realidad, tanto seguir, tanto soñar,
y lo que vale no es el día.
Pero el sol (pero el sol...) esta!
no es de papel, es de verdad.
Tenes una boca para hablar, y comenzas a preguntar,
y conoces a la mentira.
Con tus piernas vas a caminar, y te empiezan a encerrar,
y ahí te quedas con tu rutina.
Y que vas (y que vas...) a hacer,
uno se cansa de correr!...
Llenas tus valijas de amor
y te vas a buscar el cuerpo de una mujer;
Y descubrís que ¨amor¨ es más que una noche
y juntos ver amanecer...
poco a poco vos te conformas, si no es amor, es tuya igual,
y vos le das lo que te pida.
Pero si te ofrecen el final, dirás:
Igual me he de quedar, porque soy yo, porque es mi vida...

Sui Generis


viernes, 10 de febrero de 2012

"La Pirata" - Ultima Parte

por Arnold Coss


Fueron necesarios varios intentos para que Clara María de las Mercedes Carreras, se diera cuenta que no iba a ser nada fácil trasladarse. Su andar, perdía una pieza fundamental y su pierna derecha, sería el trofeo de guerra del enemigo. Era alto el precio pagado por la infantil osadía, pretender conquistar lo prohibido. Pero ya era tarde para lamentos, el juego no fue tal y las consecuencias serían de por vida.
Su hermano Pedro, como representante de la familia, fue el único que se apiadó de su condición y transitó los 20 km. en el sulky para enterarse de cómo andaba “La Clarita”.
Ella resistió la primera tentación de dejarse morir en el olvido, pero su voluntad de vida la obligó a una nueva oportunidad. Muchas veces tirada en el catre, repaso esos días, y siempre terminaba el recuerdo con un insulto lanzado al aire, como para que no quedaran dudas, que morirse si hubiese tenido el coraje, hubiese sido lo mejor.
Sin dinero sería difícil acomodarse en alguna pieza. Volver a su antigua casa no estaba en los planes, a partir de ese momento, todo su pasado debía quedar muerto y sepultado.
El Padre Ramón Ángel, le ofreció quedarse en el cuarto de la capilla unos días y ella accedió por instinto. La procesión iba por dentro y su odio se acrecentaba  día a día.
Superó verse por primera vez en el espejo de pié y la imagen que éste le devolvió terminó por destrozar la poca autoestima que le quedaba.
Su hermano Pedro, ya se había vuelto a sus pagos, casi sin intercambiar palabras, nada había para decir por parte de él, nada había para contar departe de ella y así en soledad comenzó a desandar un camino de tormentos.
El Cura, la retuvo unos días en la iglesia, pero el dedo acusador e inquisidor de las mujeres que transitaban día y noche por la parroquia, terminó de convencerla que ese no sería su lugar de residencia. Además, Dios ya no formaba parte de sus plegarias, lisa y llanamente porque había dejado de existir.
Durante un tiempo deambulo sin rumbo fijo. El tiempo que le duró ensuciar la ropa con la que salió de la iglesia, más la que tenía en su pequeño bolso, fue el que más despreocupada había andado por la vida. Sus veintitrés años, pesaban implacables en su espalda y la angustia de la soledad ya no la perseguía, ahora caminaba a su lado.
Hay un tiempo borroso, casi sin recuerdos, días olvidados, días sin sentido, sin deseos, sin presente y mucho menos sin futuro.
A principios de los sesenta, el destino la encontró alejada de todo sentimiento, sus días transcurrían como espasmos. Conseguía algunas limosnas, comía cuando podía y administraba muy bien sus escasos recursos.
Una mañana la encontró mirando salir el sol suavemente en el horizonte, en un acto reflejo sintió que nuevamente tenía su pierna y se levanto tan rápido como pudo no quería que ese mágico momento se desvaneciera, pero la realidad fue otra y allí cayó. En aquel instante se prometió nunca más llorar y nunca más dejarse llevar por sensiblerías. El mágico momento se había transformado definitivamente en la partida de defunción de todo aquello que conoció como emoción.
Los sesenta pasaron sin ton ni son. Los setentas trajeron nuevas modas, nuevas tecnologías, nuevas vidas, pero María Clara de las Mercedes, sostenía en sus hombros los mismos pensamientos nefastos sobre su suerte y los invisibles grilletes atados a sus tobillos, la demoraron en todos sus intentos por escapar, era evidente que no se quitaría la vida, al cabo - no era mucho lo que tenía para quitarse – solía decir cada tanto.
El “manco” Bidegain, un día la vio intentando entrar al bar de Pocho Falher, que quedaba al fondo de la calle 25 de Mayo a una cuadra y media de donde ahora están los bomberos voluntarios. Mientras arrimaba la bicicleta al cordón le susurro como al paso. – La convido una copa buena moza si un beso sale de su boca. Aquellas palabras fueron el principio de una nueva vida. El alcohol ya formaba parte de su vida, ahora la prostitución sería su nueva aliada.
En algún otro relato, seguro les contaré detalles pormenorizados, de aquel encuentro amoroso!? Pero lo importante de este día es saber como terminó de gestarse definitivamente en su cuerpo la nueva condición de prostituta.
Clientes, como siempre había, lugar para estirarse un rato también, y a los pendejos no les importaba mucho la imagen de la pierna que le faltaba.
Con el tiempo fue conociendo los detalles claves de cómo hacer para no exponerse, el tema no era tanto antes sino después, una vez consumado el acto.
Como dije las técnicas fueron aprendidas eficientemente, sabía como y donde tocar y si era necesario le daba un plus. Su figura seguía siendo interesante, sobre todo cuando bañada y perfumada con el influyente 7 brujas daba rienda suelta a todo el repertorio aprendido en incontables noches de sexo.
Para muchos de nosotros, pequeños adolescentes recién salidos al mundo de los adultos, los favores amorosos de “la pirata”, se convertían en una enciclopedia prohibida de la época. Fuimos varios los que aprendimos las primeras sensaciones, las primeras caricias nerviosas, los primeros temblequeos en las rodillas y la gran sensación de terminar con la espera. El carné de macho se sacaba en un santiamén y sin requisitos y por una módica suma.  
Dejo de ser Clara María de las Mercedes Carreras, hacía mucho, tanto que no me extrañaría que en sus últimos días se haya olvidado de su nombre. Para todos era y fue “La Pirata”, con una vida dura pero que no siempre fue así.
No fui a su funeral, pero me contaron que pocos se enteraron de su muerte, no hubo lágrimas ni adióses, el Padre Pancho, la despidió con ternura, sabiendo de las desventura sufridas, - Descansa en paz hija. La recordó como una gran señora, aunque sabía de su alejamiento total de creencias religiosas.
Las mínimas pertenencias, fueron botín de su sucesora en la pieza del fondo. Y ahí queda la imagen de una mujer luchadora, crítica de la vida y con penas sufridas sobre otros tantos dolores.
Me contaron que Pedro, se enteró de casualidad y brindo a su memoria, ninguno de sus otros hermanos vivía y sus padres habían muerto hacía tiempo.
Si algún día, anda por el cementerio de Gualeguay, pase por su tumba, está entrando a la derecha, siguiendo hasta el fondo, es el tercer nicho, nunca vi flores, ni siquiera marchitas, solo un vaso de plástico vacío, pegado con cemento, al pié de la lápida. Su nombre casi borrado por las inclemencias del tiempo y sin ninguna placa, nada, absolutamente nada. Como que su paso por esta tierra no hubiese existido. Hoy he intentado rescatar de la memoria a María Clara de las Mercedes Carreras, porque su memoria se lo merece y porque todos aquellos que hicieron uso y abuso de sus favores, debieran mirar al cielo y pronunciar una plegaria en su nombre, después de todo, fue una laburante del oficio, más antiguo de la historia humana.
-         No quiero hijos - repetía sin muchos argumentos,  - no quiero familiares, no quiero amigos – continuaba a modo de sentencia, - Para qué los quiero, si nadie me va a llevar una flor.
 Así fue nomas, nadie fue y seguro nadie irá de visitas, o tal vez, este recuerdo vuelva piadosa algún alma que ande por ahí.


Nota: Esta historia, tiene 2 capítulos anteriores: Un Secreto Conocido y La Pirata sus primeros pasos Parte I

jueves, 26 de enero de 2012

Cuando dos vidas paralelas se tocaron


por Arnold Coss


En los comienzos de los años ochenta, Miguel llegaba a la gran capital, con veinte años y un futuro en sombras.
Inmediatamente el olor de la ciudad lo invadió, fue su primer golpe negativo. No estaba acostumbrado al smog, mucho menos al ruido y muchísimo menos al gentío.
Pasaron los días iniciales y el contraste entre las maravillas descubiertas y la locura de la nueva vida, transitaba por un equilibrio pocas veces estable.
Por ese entonces, Sonia recorría sus veintitantos años, a un ritmo deslucido, casi de compromiso, ninguna frontera se interponía y no precisamente porque las buscara, más bien en lo posible las evitaba, no vaya a ser que las dudas, terminaran por desnudar lo que realmente presentía que le pasaba. No quería ni le interesaban las disyuntivas internas, las decisiones importantes de su vida, siempre fueron tomadas influenciada por otras personas y eso estaba bien, así era, así seguiría siendo por muchos años más.
Recuerdo las miradas cuando los presentaron, intuí que tanta disparidad de costumbres y de personalidad, podría unir sus vidas en algún punto, un poco más allá que transitar solamente la naciente relación laboral.
Los seguí viendo unos años más, se dirigían por caminos muy diferentes, pero con un común denominador en el pasado y presente. Siempre tratando que la mochila a cargar, fuese lo más ligera posible, sin ataduras, sin compromisos, sin un lugar social al que pertenecer, con el trabajo alcanzaba, las relaciones deberían ser muy ocasionales aunque para Sonia, siete años de abstinencia era un número que le empezaba a molestar.
La plaza de Mayo, fue testigo de sus primero besos, les costó adaptarse a sus nuevos roles, la vista ya no bajaba al encuentro de los ojos negros de Sonia. No dejaron de ser amigos, pero el camino a desandar traía nuevas historias, se imponían nuevas vallas en su andar y por primera vez en años, no tuvieron dudas, las derribaron rápidamente como si el tiempo fuese a desaparecer de un momento a otro.
Los encuentros apasionados no se hicieron esperar, el fuego se encendió muy rápido, no había nada que demostrar, aunque en su interior los dos se habían ocupado y muy bien de ocultar sus miedos. Pronto los atrapó la rutina, no había nada nuevo bajo el tibio sol de otoño. Ella no se animo a contar todo su pasado, solo fue superficial y eso no estaba bien. Para Miguel no fue necesario ocultar nada, pero tampoco tenía demasiadas expectativas, entonces solamente se limito a exponerse lo indispensable.
En unos meses los atrapó la rutina, sin dejarlos respirar, los días de la semana ya no tenían sus licencias y los leños de la pasión aplacaban su calor.
A Sonia, pocas cosas la satisfacían más que las cosquillas en su espalda y Miguel sacaba provecho de esa debilidad. Pasaban las tardes tendidos en aquella cama, mirando sin mirar quizás al mismo techo al que le cantaba Joan Manuel. Con esta sutil, pero efectiva forma de agradar, él fue llevando un poco más lejos, lo que era inevitable terminar.
Fue ella quien empezó a dudar y estas trajeron excusas y con estas las primeras mentiras. El estar cansada y sin tiempo propio, resultó su mejor guión para ir escapando de la compañía que se había transformado en un peso extra, muy difícil de cargar.
Para Miguel, Sonia significaba a estas alturas la distracción diaria, una compañera más íntima que el resto, era como tener algo para hacer, cuando todo lo demás, le dejaba un espacio y con eso llegaba al final del día. Los días se pasaban uno a uno sin un futuro común que les animara a continuar. Las noches eran más largas, el sexo no se disfrutaba y para ella hacerlo significaba esperar a que él terminara y suficiente. Para Miguel significaba esforzarse por complacerla, pero tarde o temprano, sabía que la resignación, golpearía una vez más a la puerta que ahora veía entornada.
En nombre de la amistad cultivada por tantos años, ella lo llamaba a la reflexión, peor Miguel no entendía de grises, su blanco era el amor incondicional, su negro el terminar con todo contacto. Hubo un himpas, los días inmediatos al adiós fueron pasando como automáticos para la soledad infinita de él. Los de Sonia fueron cargados de actividad, la mejor excusa para no pensar, supuestos reclamos de visita a familiares y amigos, supuestos tiempos para su realización personal.
Era evidente que los años que Sonia había pasado a solas, habían calado muy hondo en sus sentimientos y muchos años después me confesaría, que en ese entonces, nadie hubiese encajado en el lugar adecuado de su vida. La espera del gran amor, vencía las ganas de tomar riesgos y estos fueron desapareciendo sin consultar. Quizás como amante hubiese resultado, pero la imagen del dedo acusador de sus padres, no le permitía semejante atrevimiento.
En los años sucesivos, Sonia dejo de pensar en gustar, las idas a la peluquería, dejaron de ser importante, comprase ropa ya no era primordial, los viernes terminaban a media luz en el living de su casa, mirando Función Privada, alimentado la idea que un día llegaría su momento que por supuesto no sería ese. El paso de los años le fueron mostrando otra mirada sobre su futuro y ahí estaba nuevamente en la encrucijada. Sus tiempos ya no fueron propios, ayudar a sus padres con la casa la convertía en un ser necesario e indispensable. Correr a solucionar los problemas de su hermana con su sobrino, la transformaban en la mediadora perfecta. Acudir a escuchar las penurias matrimoniales de sus amigas la colocaban en el lugar ideal de la amistad, todas esas fueron sus nuevas obligaciones y la resignación de su propio amor, se rindió a sus pies.
Para Miguel, la vida no le fue mucho más interesante. Se fue en busca de otros rumbos laborales, deambulo entre nostalgias y alegrías. Los amores se sucedieron sin dejar huellas, la cicatriz de Sonia no dejo margen para creer en Cupido y sus flechas.
Se canso de de andar sin rumbo fijo, volvió a su pueblo con la esperanza de ver que algo nuevo le pasara. Encontró lo mismo que cuando partió, pero más añejo. Intentó ocupar el mismo lugar de afectos que había dejado al irse, pero el tiempo había pasado para todos y los que quedaron ya tenían cubierta esa vacante.
Sus amigos, ahora eran buenos conocidos, dejo de ser la visita de paseo y la sorpresa no era la misma. Las conversaciones ya no fueron de compromiso y poco se quería y había para decir.
Veinte años pasaron de cuando se fue, volver a transitar las calles de su pueblo, le devolvieron como una cachetada los recuerdos que creía olvidados. La canchita de la esquina ya no estaba. En club de básquet que lo vio crecer, ahora su cancha se había transformado en la pista deslucida de una bailanta. Así uno a uno sus viejos lugares mostraban sus nuevas caras con las que no se reconocía. Su vieja habitación, se transformo en el lugar perfecto para ir dejando todo lo que molestaba en la casa de sus padres, donde ya no tenía su lugar.
Ahora enseña ajedrez en una escuela primaria, se “acomodó” con Mariela, una soñadora de casas rosas y patios con jardín. Ella habla también por él y sus días son un monólogo de sueños por empezar, ojalá algún día los pueda concretar.
Sonia encontró la rutina de trabajar, día tras día en el mismo lugar y así seguía estando bien. Su madre murió después de años de luchar y con ella se fue un tiempo del día que necesitaba volver ocupar. Se refugió en las redes sociales, que abrieron sus ojos de par en par. Fue así como de casualidad abrió su vida y se decidió a ver una vez más. Encontró en Julio, un amigo de una prima el afecto que necesitaba. El pasó a ser el sostén para seguir sintiéndose mujer. Ahora es feliz y lo seguirá siendo, porque así tiene que ser ya no hay tiempo para equivocarse.
Me imagino que cada tanto, levantan la mirada al cielo y se pierden un instante como lo hacían en el techo de aquella habitación. Las cenizas ya no pueden volver a encenderse, pero quien no les dice que quizás sí, con otros rostros y otros cuerpos, como esos recuerdo guardados en un rincón.

viernes, 16 de diciembre de 2011

R.E.M. Automatic for the people (1992) Everybody hurts

Todo el mundo siente dolor




Cuando el día es largo y la noche

La noche es tu soledad

Cuando estas seguro que haz tenido suficiente

De esta vida, entonces resiste

No te dejes alejar

Porque todo el mundo llora

Y todo el mundo siente dolor algunas veces



Algunas veces todo es malo

Ahora es tiempo de cantar

Cuando tu día es noche sola

(resiste, manténte firme)

Si sientes como que te alejas (resiste)

Si piensas que haz tenido demasiado

De esta vida, entonces resiste



Porque todo mundo siente dolor

Toma consuelo en tus amigos

Todo mundo hiere

No tiendas tu mano

Oh no, no tiendas tu mano

Si sientes como que te alejas

No, no, no, no estás solo



Si estas solo en esta vida

Los días y noches son largas

Cuando piensas que haz tenido demasiado

De esta vida, mantenerse firme



Bueno, todo el mundo siente dolor algunas veces

Todo el mundo llora

Y todo hiere algunas veces

Y todo hiere algunas veces

Así que manténte firme, resiste

Manténte firme, resiste

Manténte firme, resiste

Manténte firme, resiste

(Todo mundo siente dolor)



No estás solo

domingo, 11 de septiembre de 2011

Amelia en su laberinto


Por Arnold Coss


Una calurosa mañana primaveral, Amelia, partió rumbo a su último día de clases. Preocupada por saber el resultado del examen de Contabilidad, que decidía su paso sin materias a rendir, al soñado y tan esperado quinto año.
Llegó a la escuela, sin pausa fue a su aula. Teóricamente, la lista de alumnos con las notas, estarían pegada en la ventana. Necesitaba un 9 y creía ciegamente en que lo había conseguido. La sorpresa fue encontrar el aula vacía, sin listas en sus ventanas, un pizarrón con el recuerdo escrito del turno anterior y nada más.
Tal era su apuro, que no reparó en la hora. Faltaban veinte minutos para el timbre y eso era una eternidad por aquellos días, más aún, si era el último día escolar del año.
Regresó por el pasillo central; rodeó el viejo aljibe en el centro del patio principal, pasó por la puerta de su ya añorado 3ro C, atravesó el ultimo pasillo y decidida arremetió a la sala de secretaría con una determinación poco usual. No solía ser tan determinante y mucho menos en la escuela, un espacio donde siempre se reservaba con especial cautela. Quizás por la bronca contenida al tener que ir a clases, sabiendo que le quedaban varias faltas para disfrutar, o por no confiarle a nadie sus nervios y haciendo un esfuerzo adicional, ingresó a la primera sala. No había nadie, mirá a su derecha, la puerta del salón de profesores estaba entornada, ingresa, tampoco se veía a nadie, solo esa larga mesa con sus diez sillas vacías, levanta la vista y en un instante se le ocurre que podía ir hasta el despacho del director.
No sabe que fuerza la instó a caminar derecho a la antesala de aquella temida oficina. Ingresa descuidada, instintivamente contiene la respiración, camina en puntas de pie, no sabe por qué. No debía tomar tantas precauciones, también sabe que no tiene ningún motivo para estar allí, todos sus años cultivando un bajo perfil y su rol bien aprendido de chica reservada, estaban transitado por un camino que no correspondía.
Tiempo después me juraría en medio de este relato, que el sabor de lo prohibido y la motivación especial al ser el último día de clases, hacía que aquello le fuera permitido, según su parecer.
Lo cierto es que sin ser muy conciente, se acercó sigilosa, como desconfiando de sus oídos, el corazón galopaba, la respiración le parecía ajena, no propia, la oía más profundamente, casi desde atrás. Ya estaba definitivamente en un terreno que no le era propio, estaba incómoda, no debía pero ya estaba ahí, no quería, pero…… de repente, un susurro la puso en guardia. Inmediatamente quiso identificar de donde provenía, era del otro lado de la puerta del despacho. Se acercó, más aún, no sabía por qué lo hacía, no tendría retorno un paso más, pero el deseo era irrefrenable, avanzó uno, dos y las gastadas maderas del parquet, resistieron sin sonidos sus sesenta kilos, la suerte estaba de su lado, al menos por el momento. Era evidente que alguien estaba del otro lado, el aire se espesaba, le costaba respirar en silencio, quería terminar con ese instante, desaparecer. Súbitamente varios quejidos, cortitos, emitidos como al descuido, casi inaudibles activaron su sentido de alarma. Imaginó de qué se trataba, la curiosidad iba en aumento, quería certezas, comenzó a transpirar, un quejido mayor, casi ronco llegó antes del segundo silencio absoluto y después nada, ni siquiera el ruido de la calle, nada absolutamente nada, un silencio profundo. Una mezcla de pánico por ser descubierta y un escalofrío que recorrió su espalda. Aunque quisiese, estaba tan cerca que no podía volver, tampoco avanzar. Ya era tarde para iniciativas arrebatadas.
Casi sin aire, tratando de mantener el equilibrio, allí estaba, como una estatua fuera de lugar, indecisa sin entender como llegó, sin saber como volver.
¿Fueron 10 segundos? No lo sabría, pareció una eternidad, del otro lado escuchó otro quejido, sonaba como un espasmo, nada más, ahí reaccionó, debía irse si o sí, pero seguía clavada al piso. Sus ojos saltones, estaban detenidos en la puerta entreabierta, pensó muchas cosas, nada coherente, quería carraspear, secarse el sudor de la frente, saber porque de pronto, también se sintió mojada en su intimidad, otra vez se estremeció.
La ansiedad es mala consejera, el miedo un mal compañero y la curiosidad, hace irresponsable lo racional. Eternos segundos sin tomar decisión, ahí, casi agazapada fue vista, ella intentaba ubicar nuevamente dentro de su corpiño uno de los más admirados y voluminosos pechos que se recuerden en ese colegio. Fueron llamas no miradas, vergüenza propia y ajena, pánico. Siguió petrificada, sin oxigeno y mareada, la habían descubierto y ahora, su vida quizás ya no sería la misma.
Pensó en un secreto compartido, se acordó de los amantes de María de las Mercedes Carreras, y sus corridas alocadas sin final. Retrocedió bruscamente, tropezó con la mesa ratona que adornaba el centro de la sala, sin saber con qué se golpeó en la frente, pero 8 puntos de sutura, dejaron un recuerdo imborrable, del más trascendente momento que sus diecisiete años recordaran.
Amigos, todo lo que en esa sala pasó, lo saben solo los actores principales, Amelia encontró sus quince segundos en el reparto de roles y no precisamente como invitada especial.
Calló el episodio por muchos años, no por vergüenza, no por reservada, no por intriga, solamente por falta de color a su relato, no le encontraba forma, tampoco su imaginación daba como para detalles, le faltaba la experiencia “divina”, los arrebatos sexuales de una adolescente en celo, las corridas y frenadas alocadas de quien hace algo por instinto y no por el uso racional de sus sentidos.
Esta historia podría ser real, podría estar enmarcada en un clásico cuento de bar con algunas cervezas de por medio, pero no, nace y queda acá, a unas cuadras del viejo tanque de aguas sanitarias, ese pegado a la residencia ocasional del actor principal y el de su esposa intachable, educadora como pocas, increíblemente paciente, lo sé, me enseñó como nadie, las letras fueron su sustento emocional, un equilibrio justo entre tanto arrebato.
Algunos sabemos de quien se trata, detalles no abundan pero alcanzan. Amelia hoy no tiene una vida muy distinta a la de aquellos años, pero sabe de secretos y eso mis amigos es un buen precedente. Hubo más detrás de aquella escena final con corridas, apositos con gasas, vendas y la llegada apurada a la sala de espera del Hospital San Antonio, con una toalla bañada en sangre, pero esa será la historia secreta de otro recuerdo de pronóstico reservado.

viernes, 17 de junio de 2011

por Roberto Carlos


Mi querido, mi viejo, mi amigo

 

Esos tus cabellos blancos, bonitos

ese hablar cansado, profundo

que me lee todo lo escrito

y me enseña tanto del mundo.



Esos pasos lentos que ahora

caminando siempre conmigo,

ya corrieron tanto en la vida

mi querido, mi viejo, mi amigo.



Esa vida llena de historias

y de arrugas marcadas por el viento,

recuerdos de antiguas victorias

son lágrimas lloradas al viento.



Tu voz dulce y serena me calma,

y me ofrece refugio y abrigo,

va calando dentro de mi alma,

mi querido, mi viejo, mi amigo.



Tu pasado vive presente

en las experiencias sentidas,

y en tu corazón consciente

de las cosas bellas de la vida.



Tu sonrisa franca me anima

tu consejo sabio me cría

abro el corazón y te digo

mi querido, mi viejo, mi amigo.



Yo, te he dicho casi todo,

y casi todo es poco,

frente a lo que yo siento.



Mirando tus cabellos

tan bonitos

abro el corazón

mi querido, mi viejo, mi amigo…

Mirando tus cabellos

tan bonitos

abro el corazón

mi querido, mi viejo, mi amigo…

Mirando tus cabellos

tan bonitos

abro el corazón

mi querido, mi viejo, mi amigo…








martes, 17 de mayo de 2011

Qué de Ti, Qué de Mi

Se lo tome prestado a Sol Pereda: (Espero no le moleste)

Anoche
mientras me hablabas,
me hallaste con el alma
en otra mirada…

La tenue luz sin alba
te advirtió
que entre nosotros
ya sobraban
hasta las palabras.

Entre los sueños
y las verdades
que sólo ofrece el reposo
entre mis sábanas
hoy te escribo:

Más que lo que tú me das
es lo que yo permito recibir...


Y en esta vuelta de tuerca
nos encontramos,

que ni tú adivinas
en saber qué ofrecerme…

…ni yo acierto en abrazar
qué de ti querría quedarme.