domingo, 11 de septiembre de 2011

Amelia en su laberinto


Por Arnold Coss


Una calurosa mañana primaveral, Amelia, partió rumbo a su último día de clases. Preocupada por saber el resultado del examen de Contabilidad, que decidía su paso sin materias a rendir, al soñado y tan esperado quinto año.
Llegó a la escuela, sin pausa fue a su aula. Teóricamente, la lista de alumnos con las notas, estarían pegada en la ventana. Necesitaba un 9 y creía ciegamente en que lo había conseguido. La sorpresa fue encontrar el aula vacía, sin listas en sus ventanas, un pizarrón con el recuerdo escrito del turno anterior y nada más.
Tal era su apuro, que no reparó en la hora. Faltaban veinte minutos para el timbre y eso era una eternidad por aquellos días, más aún, si era el último día escolar del año.
Regresó por el pasillo central; rodeó el viejo aljibe en el centro del patio principal, pasó por la puerta de su ya añorado 3ro C, atravesó el ultimo pasillo y decidida arremetió a la sala de secretaría con una determinación poco usual. No solía ser tan determinante y mucho menos en la escuela, un espacio donde siempre se reservaba con especial cautela. Quizás por la bronca contenida al tener que ir a clases, sabiendo que le quedaban varias faltas para disfrutar, o por no confiarle a nadie sus nervios y haciendo un esfuerzo adicional, ingresó a la primera sala. No había nadie, mirá a su derecha, la puerta del salón de profesores estaba entornada, ingresa, tampoco se veía a nadie, solo esa larga mesa con sus diez sillas vacías, levanta la vista y en un instante se le ocurre que podía ir hasta el despacho del director.
No sabe que fuerza la instó a caminar derecho a la antesala de aquella temida oficina. Ingresa descuidada, instintivamente contiene la respiración, camina en puntas de pie, no sabe por qué. No debía tomar tantas precauciones, también sabe que no tiene ningún motivo para estar allí, todos sus años cultivando un bajo perfil y su rol bien aprendido de chica reservada, estaban transitado por un camino que no correspondía.
Tiempo después me juraría en medio de este relato, que el sabor de lo prohibido y la motivación especial al ser el último día de clases, hacía que aquello le fuera permitido, según su parecer.
Lo cierto es que sin ser muy conciente, se acercó sigilosa, como desconfiando de sus oídos, el corazón galopaba, la respiración le parecía ajena, no propia, la oía más profundamente, casi desde atrás. Ya estaba definitivamente en un terreno que no le era propio, estaba incómoda, no debía pero ya estaba ahí, no quería, pero…… de repente, un susurro la puso en guardia. Inmediatamente quiso identificar de donde provenía, era del otro lado de la puerta del despacho. Se acercó, más aún, no sabía por qué lo hacía, no tendría retorno un paso más, pero el deseo era irrefrenable, avanzó uno, dos y las gastadas maderas del parquet, resistieron sin sonidos sus sesenta kilos, la suerte estaba de su lado, al menos por el momento. Era evidente que alguien estaba del otro lado, el aire se espesaba, le costaba respirar en silencio, quería terminar con ese instante, desaparecer. Súbitamente varios quejidos, cortitos, emitidos como al descuido, casi inaudibles activaron su sentido de alarma. Imaginó de qué se trataba, la curiosidad iba en aumento, quería certezas, comenzó a transpirar, un quejido mayor, casi ronco llegó antes del segundo silencio absoluto y después nada, ni siquiera el ruido de la calle, nada absolutamente nada, un silencio profundo. Una mezcla de pánico por ser descubierta y un escalofrío que recorrió su espalda. Aunque quisiese, estaba tan cerca que no podía volver, tampoco avanzar. Ya era tarde para iniciativas arrebatadas.
Casi sin aire, tratando de mantener el equilibrio, allí estaba, como una estatua fuera de lugar, indecisa sin entender como llegó, sin saber como volver.
¿Fueron 10 segundos? No lo sabría, pareció una eternidad, del otro lado escuchó otro quejido, sonaba como un espasmo, nada más, ahí reaccionó, debía irse si o sí, pero seguía clavada al piso. Sus ojos saltones, estaban detenidos en la puerta entreabierta, pensó muchas cosas, nada coherente, quería carraspear, secarse el sudor de la frente, saber porque de pronto, también se sintió mojada en su intimidad, otra vez se estremeció.
La ansiedad es mala consejera, el miedo un mal compañero y la curiosidad, hace irresponsable lo racional. Eternos segundos sin tomar decisión, ahí, casi agazapada fue vista, ella intentaba ubicar nuevamente dentro de su corpiño uno de los más admirados y voluminosos pechos que se recuerden en ese colegio. Fueron llamas no miradas, vergüenza propia y ajena, pánico. Siguió petrificada, sin oxigeno y mareada, la habían descubierto y ahora, su vida quizás ya no sería la misma.
Pensó en un secreto compartido, se acordó de los amantes de María de las Mercedes Carreras, y sus corridas alocadas sin final. Retrocedió bruscamente, tropezó con la mesa ratona que adornaba el centro de la sala, sin saber con qué se golpeó en la frente, pero 8 puntos de sutura, dejaron un recuerdo imborrable, del más trascendente momento que sus diecisiete años recordaran.
Amigos, todo lo que en esa sala pasó, lo saben solo los actores principales, Amelia encontró sus quince segundos en el reparto de roles y no precisamente como invitada especial.
Calló el episodio por muchos años, no por vergüenza, no por reservada, no por intriga, solamente por falta de color a su relato, no le encontraba forma, tampoco su imaginación daba como para detalles, le faltaba la experiencia “divina”, los arrebatos sexuales de una adolescente en celo, las corridas y frenadas alocadas de quien hace algo por instinto y no por el uso racional de sus sentidos.
Esta historia podría ser real, podría estar enmarcada en un clásico cuento de bar con algunas cervezas de por medio, pero no, nace y queda acá, a unas cuadras del viejo tanque de aguas sanitarias, ese pegado a la residencia ocasional del actor principal y el de su esposa intachable, educadora como pocas, increíblemente paciente, lo sé, me enseñó como nadie, las letras fueron su sustento emocional, un equilibrio justo entre tanto arrebato.
Algunos sabemos de quien se trata, detalles no abundan pero alcanzan. Amelia hoy no tiene una vida muy distinta a la de aquellos años, pero sabe de secretos y eso mis amigos es un buen precedente. Hubo más detrás de aquella escena final con corridas, apositos con gasas, vendas y la llegada apurada a la sala de espera del Hospital San Antonio, con una toalla bañada en sangre, pero esa será la historia secreta de otro recuerdo de pronóstico reservado.

viernes, 17 de junio de 2011

por Roberto Carlos


Mi querido, mi viejo, mi amigo

 

Esos tus cabellos blancos, bonitos

ese hablar cansado, profundo

que me lee todo lo escrito

y me enseña tanto del mundo.



Esos pasos lentos que ahora

caminando siempre conmigo,

ya corrieron tanto en la vida

mi querido, mi viejo, mi amigo.



Esa vida llena de historias

y de arrugas marcadas por el viento,

recuerdos de antiguas victorias

son lágrimas lloradas al viento.



Tu voz dulce y serena me calma,

y me ofrece refugio y abrigo,

va calando dentro de mi alma,

mi querido, mi viejo, mi amigo.



Tu pasado vive presente

en las experiencias sentidas,

y en tu corazón consciente

de las cosas bellas de la vida.



Tu sonrisa franca me anima

tu consejo sabio me cría

abro el corazón y te digo

mi querido, mi viejo, mi amigo.



Yo, te he dicho casi todo,

y casi todo es poco,

frente a lo que yo siento.



Mirando tus cabellos

tan bonitos

abro el corazón

mi querido, mi viejo, mi amigo…

Mirando tus cabellos

tan bonitos

abro el corazón

mi querido, mi viejo, mi amigo…

Mirando tus cabellos

tan bonitos

abro el corazón

mi querido, mi viejo, mi amigo…








martes, 17 de mayo de 2011

Qué de Ti, Qué de Mi

Se lo tome prestado a Sol Pereda: (Espero no le moleste)

Anoche
mientras me hablabas,
me hallaste con el alma
en otra mirada…

La tenue luz sin alba
te advirtió
que entre nosotros
ya sobraban
hasta las palabras.

Entre los sueños
y las verdades
que sólo ofrece el reposo
entre mis sábanas
hoy te escribo:

Más que lo que tú me das
es lo que yo permito recibir...


Y en esta vuelta de tuerca
nos encontramos,

que ni tú adivinas
en saber qué ofrecerme…

…ni yo acierto en abrazar
qué de ti querría quedarme.

martes, 21 de diciembre de 2010

FELICES FIESTAS

QUE ESTAS FIESTAS NOS ENCUENTRE EN PAZ Y CON EL ALMA PRESTA PARA DAR Y RECIBIR AMOR... FELICIDADES A TODOS Y GRACIAS POR VISITAR MI BLOG CADA TANTO

SALUDOS, ARNOLD COSS

viernes, 15 de octubre de 2010

Primer día en el Cole Parte III - Colegio San José - Gualeguay Entre Ríos

Por Arnold Coss

Una arritmia devastadora con respecto al compás de la canción, se produjo cuando Pity agarró su bolsa de tela por abajo y se le cayeron al suelo dos docenas de bolillas “finorias”. Los más astutos se apresuraron a rescatar, y los más nobles le ayudaron a juntar.

El llanto desproporcionado de Pity, viendo su colección de bolillas convertida en un botín que se repartieron algunos de sus nuevos compañeros, provocó una alegría colectiva para los beneficiarios, unido a algunas burlas de otros y caras de sorpresa en los restantes; una situación que se le empezaba a escapar de las manos a la Seño Taqui en su debut.

Uno de sus primeros objetivos, era que los niños aprendiesen a compartir, lo cual se contradecía con el mensaje que debería hacer entender, sobre la propiedad privada que en justicia se merecía la colección de bolillas de Pity.

No le resultó difícil, finalmente, hacerles entender la diferencia entre los juguetes del colegio y una colección que tanta dedicación le había costado reunir a su compañero; aunque a pesar del asentimiento general, la totalidad de las canicas seguía sin aparecer para desconsuelo del propietario y desconcierto de la seño, quien finalmente tuvo que asumir el compromiso de que al día siguiente le traería las tres que no aparecían -que seguro las encontraría a la venta en el kiosco Tatín-.

Prosiguió con dos canciones más, Manuelita y La Reina Batata sonaron tan hermosamente desafinadas que aún mis recuerdos las rescatan. La pintura de dedos, y algún títere de paso adornaron el resto de la tarde antes de salir al recreo.

Rápidamente se percataron todos -incluida la seño- de que Pascual, en quien nadie había reparado porque se había ido aislando de todos. Se había acomodado como quien no quiere la cosa, con unos almohadones al costadito del coche de las muñecas. Su siesta le había mantenido ajeno a tanto escándalo- ahora se encontraba jugando inocentemente con unas bolillas que Pity identificó al instante como suyas. Pali estaba con sus deditos intentando ponerles las canicas dentro de los ojos plásticos de las muñecas que ya eran viejas y gastadas. La tercera bolita, era su chupete y la balanceaba de cachete en cachete, haciendo la sonar entre sus dientes.

Como la vida misma, con seres humanos en pequeñito, pero con una conflictividad similar a la de los adultos, la Seño Taqui tuvo que jugar su papel de jueza y parte, que también en eso consiste la enseñanza, en intentar conducir a buen puerto esa mezcla de seres angelicales y salvajes que somos al nacer.

Amnesty International

Por Arnold Coss

Hoy se cumplen 22 años, del 1er y UNICO Súper mega recital en River.

viernes, 1 de octubre de 2010

Primer día en el cole - Parte II - Colegio San José - Gualeguay; Entre Ríos

por Arnold Coss
Pero ¿Por qué a nadie le importaba su opinión? ¡No quería ir! Sus padres y hermanos habían llegado al acuerdo táctico de recrearle lo divertida que iba a ser la nueva aventura y manifestaban un entusiasmo desmesurado. Pero él no se dejaba convencer ¿Por qué iba a querer cambiar su magnífica situación? no quería compartir juguetes, ni subir a muchas hamacas, ni tampoco aprender canciones nuevas... ¿Cómo iba a querer algo así? Y sobre todo ¿Cómo ellos insistían en prescindir de la brillante sonrisa que usaba con sobrada consciencia, de hacerle el almuerzo, ayudarle a juntar las piezas del juego de construcción o compartir los sorprendentes descubrimientos sobre el mundo que hacía a cada instante?
Demoró todo lo posible la salida de casa, poniendo a prueba la paciencia de Anamaría e incluso la suya propia. Pero su madre, por lo visto, se había levantado preparada para afrontar estoicamente las artimañas más eficaces que guardaba en su catálogo. Manifestó -a sollozos- su disconformidad con ese complot. Lo manifestó en la panadería de Manolo, en el quiosco Tatín, en la esquina donde Manucho sentado en el umbral dirigía la orquesta de su negocio...
Regó, con un alarido de auxilio, cada rincón que piso pero nadie acudía a salvarlo.
Cuando se quiso dar cuenta ya estaba frente a ese lugar, que tenía aspecto realmente amenazador. Una orquesta de llantos, mocos, pañuelos y súplicas atormentaba el lugar, y se unió a la sinfonía mientras repetía una frase que acababa de captar y le parecía realmente buena:
- “¡Mami! ¿Ya no me quieres? ¡Buaaaa!” (así en idioma neutro y todo, cual galán de telenovela colombiana)
Pero mami no estaba dispuesta a ceder. Quizás un instante de duda llegó cuando el fotógrafo habido de registrar la mejor toma, cual ampliada y presentada en un lindo cuadro, seguramente adornaría por el resto de los días un rincón del Living, junto al de sus hermanos mayores.
Sin cesar en el lamento, que ya no iba acompañado de lágrimas, se vio solo en esa habitación. Solo, junto con 18 sollozos desconsolados. Hasta que reparó en Silvia. Una mujer que miraba con ojos clavados en aquella caótica escena sabiendo que era el primer día de colegio para todos, incluso para ella...

“Mi más tierno recuerdo y sincero agradecimiento a mi maestra de 1er. Grado Silvia Benedetti” por la paciencia y por transitar tan dulcemente aquellos días tan especiales.